Homo economicus: el blog's Fan Box

martes, 31 de julio de 2007

Coca con cola

Estudios de la Universidad de Harvard han advertido el valor nutricional de la hoja de coca, afirmando que ésta “posee más calcio que la leche, tanto fósforo como el pescado y más hierro que la espinaca” (GIACOSA, Guillermo). Asimismo, se sabe que el cultivo de esta hoja da más cosechas al año y requiere menos agua que muchos de los cultivos que actualmente representan parte importante de nuestra dieta y aportan un menor valor nutritivo. Es importante considerar, por tanto, que la hoja de coca es —en términos de eficiencia— superior a los cultivos que actualmente se consideran rentables, pues reporta menores costos de producción y provee mayores beneficios nutritivos.

Por otro lado, es cierto que muchos cocaleros cultivan esta hoja por tradición, pero ella se iría al tacho si no hubiera comprador alguno. Evidentemente, los cocaleros son cocaleros también porque existe gente cuyos negocios involucran la compra de coca, gente que la demanda. Según las Naciones Unidas, producimos 70 mil toneladas de hoja de coca, de las cuales sólo 9 mil toneladas se utilizan para fines energizantes, medicinales, industriales, religiosos e industriales. El excedente va indudablemente al narcotráfico.

Si bien la hoja de coca posee un gran potencial en materia de nutrición, resulta claro que la satanización sobre este cultivo representa una de las principales trabas para que sus verdaderos beneficios sean aprovechados. Prejuicios basados en el hecho de que la hoja de coca representa el insumo principal para la producción de droga, aunque la hoja no sea en sí misma una droga.

Personalmente, considero que la alternativa más razonable es reducir los cultivos de coca no mediante la represión —bombardee usted, ministro— sino mediante el cambio gradual hacia cultivos más rentables. Si los cocaleros dicen que no sirven al narcotráfico, bastará con presentarles opciones que sean más rentables que la coca “como producto tradicional”. Evidentemente, no podrá superarse el precio que muchos de ellos reciben por la hoja como insumo elemental para la producción de droga. ¿Preferirán la ilegalidad rentable a la legalidad no tan provechosa?

No podemos olvidar, sin embargo, que la hoja de coca es parte de nuestro patrimonio y un recurso que bien podríamos utilizar para combatir los flagelos nutricios. Una idea no tan descabellada sería reducir los cultivos a un poco más de las 9 mil toneladas que se producen actualmente para fines legales. Paralelamente, podría buscarse impulsar la industrialización de este cultivo, mediante procesos de elaboración de productos piloto que busquen hacerse un espacio tanto en el mercado nacional como en el internacional, donde las características estrella serían los bajos precios y los altos niveles de riqueza alimenticia. De prosperar esta alternativa, podría comenzarse a incrementar nuevamente la producción de hoja de coca, ya que ésta se habría tornado en un cultivo legalmente rentable. Evidentemente, la regulación en esta alternativa resulta medular para asegurar que los cultivos permitidos no se filtren hacia el narcotráfico.

Así como están las cosas —no obstante— el camino hacia el uso industrial de la hoja de coca se avizora intrincado y temerario, debido a los prejuicios impuestos internacionalmente (si la coca fuera gringa, empero, otro sería el cantar; sería algo así como el noni yanqui). De este modo, nuestra hoja no parece tener una perspectiva favorable, sobre todo en el mercado internacional —en el nacional, más bien lo tradicional y naturista ha adquirido gran devoción— especialmente porque la política comercial norteamericana (y probablemente también las demás lo harían) tiende a poner como condición para beneficios a la erradicación irrebatible de dicho cultivo. En un futuro, una vez reducidos las hectáreas sembradas, impulsar nuevamente el cultivo de hoja de coca para su utilización industrial podría llegar a plantearnos serios problemas con el país del norte en materia comercial. Entonces, estaremos ante una monumental disyuntiva.

lunes, 30 de julio de 2007

Impuestos y desarrollo

Los impuestos representan la fuente principal de los ingresos fiscales. Sin entrar en mayores especificaciones, podemos clasificarlos en dos tipos: directos e indirectos. Los primeros se llaman así porque se aplican de manera directa a las personas y empresas; los segundos, lo hacen de manera indirecta en la compra-venta de bienes. Así, el impuesto a la renta y el IGV son ejemplos —respectivamente— de los dos tipos de impuestos antes mencionados.

Desarrollo y estructura tributaria
Alrededor del 90% de los ingresos públicos de EEUU provienen de impuestos directos, mientras que el resto se ve repartido entre los ingresos por impuestos indirectos y los ingresos no tributarios. Bolivia, por su parte, solo basa el 25,7% de sus ingresos en impuestos directos. Alrededor del 49% representan ingresos por impuestos indirectos, y el resto son ingresos no tributarios. Pueden revisarse las estadísticas de otros países, y se comprobará lo que en este punto parece ya evidente: las estructuras tributarias de los países desarrollados están basadas en los impuestos directos.

De acuerdo a la SUNAT, la siguiente fue la evolución de los principales tributos (como porcentaje del PBI) para el período 1994-2000:

Como vemos, lo recaudado por el IGV —tres veces lo recaudado por el impuesto a la renta— ha representado un gran porcentaje del ingreso fiscal. ¿Qué problema hay con que nuestra estructura tributaria esté basada en impuestos indirectos? Es retrógrado. Tanto un rico como un pobre deben comprar arroz, cuyo precio se ve gravado con un impuesto del 19%. El problema es que los impuestos que paga el de menos recursos representan una mayor parte de su ingreso que los impuestos que paga el rico.

¿Por qué no están basados los ingresos públicos peruanos en impuestos directos?
Las autoridades tributarias no están locas. Aunque injusta para los más pobres, los impuestos indirectos resultan más convenientes para nuestra realidad: ellos son más fáciles de recaudar y no son fáciles de evadir —como sí lo es el impuesto a la renta. Lo cierto es que sería contraproducente virar nuestra estructura tributaria en el sentido opuesto de la noche a la mañana: las finanzas estatales entrarían en crisis. Actualmente la evasión del impuesto a la renta es innegable, situación que se agrava porque el sistema de leyes no castiga las faltas, convirtiendo la trasgresión en un hecho cotidiano. La gran mayoría cree que los demás deben ser quienes paguen los impuestos: no existe una conciencia de que al pagar impuestos no le hacen un favor a nadie, se trata del bienestar de su comunidad. Esta idea, no obstante, no es gratuita. Más bien tiene origen en la experiencia de muchos que —habiendo pagado sus impuestos— no ven mejoras significativas.

En suma, es necesario a) reformar el sistema tributario de tal manera que los impuestos sean más justos, b) garantizar que la recaudación se refleje en beneficios y c) extirpar la corrupción de funcionarios mediante legislación y punición efectivas. Por otro lado, es necesario crear conciencia sobre la inconveniencia de la cultura de la trasgresión, la informalidad y la impunidad. El problema es más complicado de lo que parece, pero cuando se habla de redistribución del ingreso, un paso importante es advertir que no a todos se les puede exigir impuestos por igual, como se hace con la tributación indirecta.

viernes, 27 de julio de 2007

Análisis presidencial a 365 días

Es cierto que un año es aún muy poco para evaluar una gestión, sin embargo ciertas actitudes deben verse, cierta voluntad de cambio. ¿Ha ido el gobierno aprista en esa línea? Sí y no.

García inició su gobierno con una serie de medidas de austeridad. Ciertamente, el gesto que marcaba la diferencia ante la frivolidad del gobierno anterior fue más significativo que lo ahorrado. Esto se vio reflejado en las encuestas de los primeros meses, que mostraban un contundente apoyo. Con el transcurrir del tiempo, la austeridad y buenas intenciones no pudieron plasmarse de manera concreta. El caso Pandolfi, el intento de desbaratamiento del SNIP, la compra de contenidos por parte del Ministro de Vivienda, la falta de tino ante las protestas del SUTEP, en suma, la sensación de estar siendo parte de más de lo mismo terminó por hartar —una vez más— a la población.

Lo cierto es que en materia de educación, salud y agricultura —entre otras cosas— el gobierno no ha mostrado una clara intención de reforma. Y son esos —curiosamente— los asuntos más urgentes. En cambio vemos a García defendiendo la pena de muerte; otorgando —quizá para apaciguar sus fantasmas internos— beneficios al poblado de Ccayara, pasando por encima de cualquier otro poblado que tiene el mismo derecho de recibirlos; en una reunión con la Sub-17, premiándolos; acercándose al funeral del grupo Néctar, para hacerles una condecoración póstuma. En suma, distrayendo a la población de lo verdaderamente medular, bañándose en popularidad.

Económicamente, es un alivio saber que no estamos en el hoyo de finales de los ochentas: la inflación está controlada y gozamos de un crecimiento sostenido por más de un quinquenio. La falla está —una vez más— en la perpetuación de la desigualdad: no se están realizando reformas estructurales que permitan la superación de la pobreza. No se dota de activos sociales, políticos y económicos a las poblaciones marginadas.

Aún restan cuatro años. Ello puede ser alentador para muchos, pero para mí resulta más que inquietante. Son cuatro años más de una amenaza latente. Vemos cómo García siente la necesidad de exponerse casi a diario, de sentirse aprobado, de saberse el centro de atención (un discurso de dos horas para demostrar que hace las cosas bien lo demuestra). Ve las encuestas, sus ojos se desorbitan. Sonríe, apretando fuertemente sus dientes. Algo le dice que se exponga, que condecore a alguien, que gaste el dinero en algo que haga felices a todos. Ahora que las encuestas le dan una aprobación casi tolediana, el fantasma del Alan de los ochentas comienza a dibujarse soslayadamente. No debe olvidar, sin embargo, que ha sido elegido para ser un buen presidente y no Mr. Simpatía. Gran parte de lo bueno que ha logrado en economía es precisamente porque se lo ha encargado a un independiente y no ha metido sus narices como hace 21 años. Debe comenzar las reformas y mantener una economía saludable, a pesar de lo que digan los sondeos. Debe desterrar al fantasma del populismo que tanto lo agobia. Debe ser un Presidente. Feliz 28.

¡Feliz día de la (in)dependencia!


Lamento decepcionar a muchos, pero es precisamente éste el punto en el que NO despotrico sobre el TLC, ni propongo estrategias para nuestro crecimiento basado en el comercio con países sudamericanos. No. Ello porque uno no puede vivir en la utopía, cerrando sus ojos ante lo evidente, pretendiendo que podemos prescindir de un socio comercial tan importante como EEUU.

Imaginemos dos países. El país uno posee abundante —y por tanto barata— tecnología. El país 2 tiene, en cambio, copiosa mano de obra con salarios bajos. Asumiendo que se producen sólo alcachofas y computadoras, resulta obvio que las alcachofas serán producidas por el país 2, y las computadoras, por el país 1. Esto es, a grandes rasgos, lo que denominamos el principio de ventaja comparativa.

Evidentemente, EEUU es el país 1: posee ventaja comparativa sobre nosotros en la producción de cualquier bien que necesite cantidad relativamente abundante de capital (tecnología) y nosotros nos especializaremos en aquellos bienes cuya producción implique un uso intensivo de mano de obra. Ciertamente el valor agregado en cada unidad de alcachofa es mucho menor que el existente en cada computadora. ¿Quién gana más con esta comercialización?

El tratado además no es una liberalización total del comercio. Sepamos que EEUU persiste en aplicar subsidios a algunos productos agrícolas. Les da —por ejemplo— insumos de bajo precio a sus productores de arroz, de tal manera que su costo de producción sea más bajo. Así, los precios del arroz norteamericano serán mucho más bajos que los precios del arroz peruano.

Pero no todo será color de rosa para EEUU. Las empresas norteamericanas ya han puesto su mira sobre la excesivamente barata mano de obra peruana. La teoría nos dice que, si se deciden a invertir en Perú, la tendencia de los salarios locales será a la alza, aunque nunca tan altos como los estadounidenses. La teoría. Además, la industria del entretenimiento (películas, música, libros) es una de las más grandes en EEUU; una industria que —así como están las cosas— no tiene mucho futuro en nuestro país. El Perú se ha comprometido a dar solución a ambos temas —condiciones laborales y derechos de autor— con la firma de las adendas. Algo, en mi opinión, improbable. Lo alarmante es que de no cumplirse dichos compromisos —entre los que se incluye la eliminación del trabajo infantil— sanciones comerciales nos serán impuestas.

¿Alguna vez han escuchado eso que dicen los borrachos: mujeres, mal con ellas, peor sin ellas? Creo que la figura es exactamente la misma con EEUU. Podremos quejarnos de que ellos tienen la sartén por el mango, de que realizan competencia desleal; pero lo cierto es que sin TLC —y sin ATPDEA— nuestro crecimiento sostenido dejaría de serlo. ¿Por qué se aprueba y se quiere firmar este tratado tan precipitadamente, sin mayor discusión? Porque la próxima vez que EEUU se siente a negociar un TLC con nosotros podría ser dentro de muchos —muchísimos— años.

Así que la moraleja del asunto, una vez más, es buscar el desarrollo. Crecimiento tenemos, pero el subdesarrollo y la desigualdad persisten. Mi opinión personal es que aprovechemos los excedentes de esta bonanza y los de la que está por venir para realizar verdaderas reformas que otorguen activos sociales y políticos a quienes más los necesitan. Evidentemente, EEUU no nos dará un tratado que nos beneficie únicamente a nosotros. Perderemos en las áreas que corresponden a la mayoría de agricultores de la Sierra, paradójicamente los más olvidados. Ellos, al tener cada uno pequeñas parcelas y no poder agruparse para exportar, además de la casi nula transabilidad de sus productos, verán su bienestar seriamente perjudicado.

Así, parte de lo que gane el país —en especial los agro exportadores de la costa, que curiosamente hacen protestas— deberá ser destinado a compensar a estas poblaciones por las pérdidas y a invertir en sus comunidades, incluyéndoseles en la parte más urgente de la agenda de gobierno. Seamos realistas: el mercado interno (y sudamericano) es muy limitado. La CAN no ha funcionado ni tiene por qué comenzar a hacerlo. Imperialismo yanqui: mal con él, peor sin él. ¡Feliz día de la (in)dependencia!

lunes, 23 de julio de 2007

Tras bambalinas de nuestras economías



El Perú es una economía pequeña y abierta (Waldo Mendoza). Sí que lo es. Este hecho la vuelve particularmente especial. Aunque condiciones favorables pueden aportar mucho a nuestro bienestar, nuestra economía se torna susceptible sobremanera. Impredecible. Inestable. Lo que sigue es una enumeración —lo suficientemente no profundizada— de algunos detalles que debemos tomar en cuenta.

Animal Spirits: La producción de un país posee un componente exógeno, ajeno a lo gestiones económicas. Repentino. Inesperado. Psicológico, si se quiere. Una economía colapsa. ¿Cuál es la explicación? Un contexto social convulsionado, inseguridad, o muchas veces simplemente ninguna. Ni un perro callejero —en gran gesto de osadía— cruzó la vía expresa. Nadie se movió. Así, poniendo ejemplos hipotéticos (después de todo, en qué país podría suceder algo tan descabellado), la probable elección de un fatídico ex presidente, escándalos de corrupción o una violenta huelga de maestros podrían ser causales de desastre inmediato.

Expectations: Si parásemos a gente en pleno Jirón de la Unión a explicarles lo importantes que son las expectativas sobre el nivel de las distintas variables económicas, quedarían muy sorprendidas. El tipo de cambio, por ejemplo, podría estar totalmente estable. Todos felices. De pronto, a mi abuelita —quizá porque tuvo un sueño premonitorio— se le ocurre que el tipo de cambio subirá. Lo comenta en la Misa. Y termina creándose la creencia generalizada que el tipo de cambio se elevará. Entonces la devaluación de la moneda nacional pasará de ser una mera especulación a un hecho confirmado. Luego, mi abuelita inicia un negocio de esoterismo, y le va muy bien, aunque eso ya escape a los objetivos de este artículo. Un razonamiento análogo podría explicar cómo este tipo de creencias en los depositantes podrían llegar a hacer quebrar a su banco. Por ello, decía mi profesor Oscar Dancourt —cuando era banquero central— que se debe tener mucha mesura al hacer cualquier tipo de comentarios que la prensa o el público puedan interpretar de manera errónea. Entonces, lo que era un inocente comentario puede originar una megacrisis.

Tamaño y apertura: El ser una economía pequeña y abierta básicamente nos dice que no tenemos poder alguno sobre las variables internacionales y que cualquier cambio en ellas —por mínimo que sea— tendrá probablemente un impacto en nuestra economía. Que una familia europea gane menos euros al mes, implicará menos espárragos —puede también tomarse de ejemplo algo que sea, de hecho, agradable al gusto— que podremos exportar. Las tasas de interés internacionales y las crisis financieras entran también aquí.

Así son las cosas, señores. No todas las cosas pueden planearse ni son tan evidentes. Tras bambalinas, la economía mueve sus curvas de manera insospechada.

domingo, 22 de julio de 2007

Viendo más allá de lo evidente

La economía es una ciencia interesante. Compleja, sobre-matematizada, pero interesante. Quizás su principal error es abstraerse de la realidad sobremanera. Decir: esto no es importante, esto no cuenta, me quedo sólo con esto y zas!, terminas con una economía de un vendedor blanco y un comprador adinerado. Y luego te vuelves, ves Perú y dices: algo falló. Esta columna está dedicada para todos aquellos que quieren leer algo simple de economía, vista desde alguien que la estudia y no cesará —mientras le queden fuerzas, lo cual no es mucho decir— de criticarla sanamente y buscar reconciliarla con lo que finalmente busca explicar: la realidad. Revisemos algunos conceptos que parecen ser básicos…

El PBI —por ejemplo— es una medida de la producción de bienes y servicios. Como sabemos, llevamos más de un quinquenio de crecimiento ininterrumpido. ¿Y qué con eso? ¿A celebrar? ¡De ningún modo! Nuestro producto puede haber crecido, pero el observar el grado de pobreza y desigualdad que persisten sólo demuestra que los gobiernos están fallando sistemáticamente en distribuir los excedentes. Están en las joyas de Eliane Karp, en los Johnnie Walker etiqueta azul del cholo, en la compra de espacios por parte del actual Ministro de Vivienda, en los 18 kilos que ha subido Alan desde julio pasado. Huancavelica sigue teniendo más del 70% de su población en estado de pobreza. Y más de la mitad de éstos se encuentran bajo la línea de extrema pobreza; es decir no tienen tres soles con veintidós centavos diarios para cubrir sus necesidades básicas. Una cosa son las cifras, bonitas ellas; la realidad de tener poblaciones enteras que, además de soportar el intenso friaje, tienen que soportar la gélida indiferencia de los políticos es otra cosa totalmente distinta.

Mírenlo pues, las vueltas que da la vida. Alan García hablando de proyecciones económicas para los próximos años. No cabe duda de que es el mismo. ¿No recuerda acaso que los dos primeros años de su gobierno reportaron crecimiento y se despidió con una hipercrisis económica al punto de que recién hace un par de años acabamos de recuperar el nivel de producción de 1970? La historia nos deja lecciones. Nuestro crecimiento se ha debido al crecimiento acelerado de la agroexportación costeña (es decir espárragos, alcachofas y todas esas vainas que nunca como en las ensaladas) y a niveles increíblemente altos de los precios de los minerales, entre otras cosas. Miremos la historia: algún día eso acabará. Más temprano que tarde las buenas condiciones se esfumarán y —si no se invierte y ahorra mientras se pueda— quedaremos en la mismísima chilla. ¿Qué es una chilla? No lo sé. Pero ha de parecerse mucho a aquellas épocas en las que los peruanos estamos ya curtidos. Las predicciones de crecimiento en los próximos años son ceteris paribus. O sea asumimos que los precios se mantienen relativamente donde están, que no habrá crisis internacionales de importancia, que un perrito en Filadelfia no cruzará la pista y muchas otras cosas… Un supuesto no siempre razonable que nos invita a tomar las proyecciones con sensatez y que debe llevar al gobierno a invertir y ahorrar, y dejarse de armar circos aunque la temporada los invite a hacerlo.

Veamos, entonces, más allá de lo evidente.

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Las vacaciones suelen embarcarnos en proyectos que no siempre son concluidos. Esperemos que éste no sea el caso. Este blog pretende ser un espacio de discusión sencilla sobre economía, en todos sus niveles, buscando reconciliarla con lo que intenta explicar: la realidad. Tomará un poco de tiempo organizarlo bien. Aprecio sus comentarios. Bienvenidos todos.