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viernes, 27 de julio de 2007

Análisis presidencial a 365 días

Es cierto que un año es aún muy poco para evaluar una gestión, sin embargo ciertas actitudes deben verse, cierta voluntad de cambio. ¿Ha ido el gobierno aprista en esa línea? Sí y no.

García inició su gobierno con una serie de medidas de austeridad. Ciertamente, el gesto que marcaba la diferencia ante la frivolidad del gobierno anterior fue más significativo que lo ahorrado. Esto se vio reflejado en las encuestas de los primeros meses, que mostraban un contundente apoyo. Con el transcurrir del tiempo, la austeridad y buenas intenciones no pudieron plasmarse de manera concreta. El caso Pandolfi, el intento de desbaratamiento del SNIP, la compra de contenidos por parte del Ministro de Vivienda, la falta de tino ante las protestas del SUTEP, en suma, la sensación de estar siendo parte de más de lo mismo terminó por hartar —una vez más— a la población.

Lo cierto es que en materia de educación, salud y agricultura —entre otras cosas— el gobierno no ha mostrado una clara intención de reforma. Y son esos —curiosamente— los asuntos más urgentes. En cambio vemos a García defendiendo la pena de muerte; otorgando —quizá para apaciguar sus fantasmas internos— beneficios al poblado de Ccayara, pasando por encima de cualquier otro poblado que tiene el mismo derecho de recibirlos; en una reunión con la Sub-17, premiándolos; acercándose al funeral del grupo Néctar, para hacerles una condecoración póstuma. En suma, distrayendo a la población de lo verdaderamente medular, bañándose en popularidad.

Económicamente, es un alivio saber que no estamos en el hoyo de finales de los ochentas: la inflación está controlada y gozamos de un crecimiento sostenido por más de un quinquenio. La falla está —una vez más— en la perpetuación de la desigualdad: no se están realizando reformas estructurales que permitan la superación de la pobreza. No se dota de activos sociales, políticos y económicos a las poblaciones marginadas.

Aún restan cuatro años. Ello puede ser alentador para muchos, pero para mí resulta más que inquietante. Son cuatro años más de una amenaza latente. Vemos cómo García siente la necesidad de exponerse casi a diario, de sentirse aprobado, de saberse el centro de atención (un discurso de dos horas para demostrar que hace las cosas bien lo demuestra). Ve las encuestas, sus ojos se desorbitan. Sonríe, apretando fuertemente sus dientes. Algo le dice que se exponga, que condecore a alguien, que gaste el dinero en algo que haga felices a todos. Ahora que las encuestas le dan una aprobación casi tolediana, el fantasma del Alan de los ochentas comienza a dibujarse soslayadamente. No debe olvidar, sin embargo, que ha sido elegido para ser un buen presidente y no Mr. Simpatía. Gran parte de lo bueno que ha logrado en economía es precisamente porque se lo ha encargado a un independiente y no ha metido sus narices como hace 21 años. Debe comenzar las reformas y mantener una economía saludable, a pesar de lo que digan los sondeos. Debe desterrar al fantasma del populismo que tanto lo agobia. Debe ser un Presidente. Feliz 28.

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