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viernes, 27 de julio de 2007

¡Feliz día de la (in)dependencia!


Lamento decepcionar a muchos, pero es precisamente éste el punto en el que NO despotrico sobre el TLC, ni propongo estrategias para nuestro crecimiento basado en el comercio con países sudamericanos. No. Ello porque uno no puede vivir en la utopía, cerrando sus ojos ante lo evidente, pretendiendo que podemos prescindir de un socio comercial tan importante como EEUU.

Imaginemos dos países. El país uno posee abundante —y por tanto barata— tecnología. El país 2 tiene, en cambio, copiosa mano de obra con salarios bajos. Asumiendo que se producen sólo alcachofas y computadoras, resulta obvio que las alcachofas serán producidas por el país 2, y las computadoras, por el país 1. Esto es, a grandes rasgos, lo que denominamos el principio de ventaja comparativa.

Evidentemente, EEUU es el país 1: posee ventaja comparativa sobre nosotros en la producción de cualquier bien que necesite cantidad relativamente abundante de capital (tecnología) y nosotros nos especializaremos en aquellos bienes cuya producción implique un uso intensivo de mano de obra. Ciertamente el valor agregado en cada unidad de alcachofa es mucho menor que el existente en cada computadora. ¿Quién gana más con esta comercialización?

El tratado además no es una liberalización total del comercio. Sepamos que EEUU persiste en aplicar subsidios a algunos productos agrícolas. Les da —por ejemplo— insumos de bajo precio a sus productores de arroz, de tal manera que su costo de producción sea más bajo. Así, los precios del arroz norteamericano serán mucho más bajos que los precios del arroz peruano.

Pero no todo será color de rosa para EEUU. Las empresas norteamericanas ya han puesto su mira sobre la excesivamente barata mano de obra peruana. La teoría nos dice que, si se deciden a invertir en Perú, la tendencia de los salarios locales será a la alza, aunque nunca tan altos como los estadounidenses. La teoría. Además, la industria del entretenimiento (películas, música, libros) es una de las más grandes en EEUU; una industria que —así como están las cosas— no tiene mucho futuro en nuestro país. El Perú se ha comprometido a dar solución a ambos temas —condiciones laborales y derechos de autor— con la firma de las adendas. Algo, en mi opinión, improbable. Lo alarmante es que de no cumplirse dichos compromisos —entre los que se incluye la eliminación del trabajo infantil— sanciones comerciales nos serán impuestas.

¿Alguna vez han escuchado eso que dicen los borrachos: mujeres, mal con ellas, peor sin ellas? Creo que la figura es exactamente la misma con EEUU. Podremos quejarnos de que ellos tienen la sartén por el mango, de que realizan competencia desleal; pero lo cierto es que sin TLC —y sin ATPDEA— nuestro crecimiento sostenido dejaría de serlo. ¿Por qué se aprueba y se quiere firmar este tratado tan precipitadamente, sin mayor discusión? Porque la próxima vez que EEUU se siente a negociar un TLC con nosotros podría ser dentro de muchos —muchísimos— años.

Así que la moraleja del asunto, una vez más, es buscar el desarrollo. Crecimiento tenemos, pero el subdesarrollo y la desigualdad persisten. Mi opinión personal es que aprovechemos los excedentes de esta bonanza y los de la que está por venir para realizar verdaderas reformas que otorguen activos sociales y políticos a quienes más los necesitan. Evidentemente, EEUU no nos dará un tratado que nos beneficie únicamente a nosotros. Perderemos en las áreas que corresponden a la mayoría de agricultores de la Sierra, paradójicamente los más olvidados. Ellos, al tener cada uno pequeñas parcelas y no poder agruparse para exportar, además de la casi nula transabilidad de sus productos, verán su bienestar seriamente perjudicado.

Así, parte de lo que gane el país —en especial los agro exportadores de la costa, que curiosamente hacen protestas— deberá ser destinado a compensar a estas poblaciones por las pérdidas y a invertir en sus comunidades, incluyéndoseles en la parte más urgente de la agenda de gobierno. Seamos realistas: el mercado interno (y sudamericano) es muy limitado. La CAN no ha funcionado ni tiene por qué comenzar a hacerlo. Imperialismo yanqui: mal con él, peor sin él. ¡Feliz día de la (in)dependencia!

3 COMENTA AQUÍ !:

Anónimo dijo...

Buen artículo. Mañana 28 presentas el articulo de evaluacion de alan y los resultados de la encuesta que me comentaste, no? Ojala.-FERNANDO

Gonzalo Aguilar dijo...

Interesante el artículo. Me parece que has mostrado a grandes rasgos cuáles van a ser los efectos (positivos y negativos) de una posible firma del TLC. Lamentablemente creo que analizas el TLC como la única opción viable al desarrollo comercial peruano. Es cierto que el mercado latinoamericano es mucho más reducido que el norteamericano, y es innegable la necesidad de comerciar con los EEUU, pero x q comerciar firmando el TLC? Si no lo firmamos dejarán de comerciar con nosotros? Claramente la respuesta es NO. El TLC no es un elemento imprescindible en el proceso de exportación. Sí, porque eso es lo que es. El Perú será exportador, una vez más, de materias primas, que luego tendrá que comprar transformadas (a precios mayores). Sería absurdo pensar que nuestro país puede ser una autarquía o pertenecer únicamente a un mercado comunitario sudamericano, pero deben considerarse criterios de justicia e igualdad en la negociación comercial, algo que con el TLC será impensable. Me pregunto: quiénes serán los más perjudicados? Sí, los más pobres (como lo reconoces). El comercio internacional, en un contexto como el actual es imprescindible para el desarrollo, pero la dependencia respecto a éste es un elemento cancerígeno para la economía y la sociedad. Comercio sí, respeto y dignidad para la gente también. Comercio sí, TLC, copiando un refrán de campaña, ASI NO. Gonzalo Aguilar

Ben Solís dijo...

Como siempre, tenemos coincidencias y discrepancias. Evidentemente los más pobres —aquellos campesinos de la Sierra que no son capaces de articularse a la cadena exportadora, la cual está conformada por productos con valor agregado mínimo— son aquellos que más se perjudicarían con la firma del TLC. Omites, sin embargo, que gran parte del boom exportador ha sido porque hemos recibido beneficios por el ATPDEA, lo cual fue, a todas luces, una manera de subyugarnos. Hay que tener presente que de no firmar el TLC y, vencidos los beneficios del ATPDEA, reportaremos —según estimaciones del modelo de Escobal— pérdidas de aproximadamente 4% de nuestro PBI. ¿Dejarán de comerciar los EEUU con nosotros? Ciertamente no. Pero comerciarán menos y definitivamente encontrarán otros socios. No le pidas peras al olmo, no pretendas que el comercio beneficie a todos: la justicia debe venir la redistribución del ingreso por parte de un Gobierno responsable, que entiende que su fin último es el bienestar de la población, comenzado por los más pobres. Evidentemente aún queda mucho que decir.