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lunes, 30 de julio de 2007

Impuestos y desarrollo

Los impuestos representan la fuente principal de los ingresos fiscales. Sin entrar en mayores especificaciones, podemos clasificarlos en dos tipos: directos e indirectos. Los primeros se llaman así porque se aplican de manera directa a las personas y empresas; los segundos, lo hacen de manera indirecta en la compra-venta de bienes. Así, el impuesto a la renta y el IGV son ejemplos —respectivamente— de los dos tipos de impuestos antes mencionados.

Desarrollo y estructura tributaria
Alrededor del 90% de los ingresos públicos de EEUU provienen de impuestos directos, mientras que el resto se ve repartido entre los ingresos por impuestos indirectos y los ingresos no tributarios. Bolivia, por su parte, solo basa el 25,7% de sus ingresos en impuestos directos. Alrededor del 49% representan ingresos por impuestos indirectos, y el resto son ingresos no tributarios. Pueden revisarse las estadísticas de otros países, y se comprobará lo que en este punto parece ya evidente: las estructuras tributarias de los países desarrollados están basadas en los impuestos directos.

De acuerdo a la SUNAT, la siguiente fue la evolución de los principales tributos (como porcentaje del PBI) para el período 1994-2000:

Como vemos, lo recaudado por el IGV —tres veces lo recaudado por el impuesto a la renta— ha representado un gran porcentaje del ingreso fiscal. ¿Qué problema hay con que nuestra estructura tributaria esté basada en impuestos indirectos? Es retrógrado. Tanto un rico como un pobre deben comprar arroz, cuyo precio se ve gravado con un impuesto del 19%. El problema es que los impuestos que paga el de menos recursos representan una mayor parte de su ingreso que los impuestos que paga el rico.

¿Por qué no están basados los ingresos públicos peruanos en impuestos directos?
Las autoridades tributarias no están locas. Aunque injusta para los más pobres, los impuestos indirectos resultan más convenientes para nuestra realidad: ellos son más fáciles de recaudar y no son fáciles de evadir —como sí lo es el impuesto a la renta. Lo cierto es que sería contraproducente virar nuestra estructura tributaria en el sentido opuesto de la noche a la mañana: las finanzas estatales entrarían en crisis. Actualmente la evasión del impuesto a la renta es innegable, situación que se agrava porque el sistema de leyes no castiga las faltas, convirtiendo la trasgresión en un hecho cotidiano. La gran mayoría cree que los demás deben ser quienes paguen los impuestos: no existe una conciencia de que al pagar impuestos no le hacen un favor a nadie, se trata del bienestar de su comunidad. Esta idea, no obstante, no es gratuita. Más bien tiene origen en la experiencia de muchos que —habiendo pagado sus impuestos— no ven mejoras significativas.

En suma, es necesario a) reformar el sistema tributario de tal manera que los impuestos sean más justos, b) garantizar que la recaudación se refleje en beneficios y c) extirpar la corrupción de funcionarios mediante legislación y punición efectivas. Por otro lado, es necesario crear conciencia sobre la inconveniencia de la cultura de la trasgresión, la informalidad y la impunidad. El problema es más complicado de lo que parece, pero cuando se habla de redistribución del ingreso, un paso importante es advertir que no a todos se les puede exigir impuestos por igual, como se hace con la tributación indirecta.

1 COMENTA AQUÍ !:

Gustavo dijo...

Muy buen artículo, solo una pequeña precisión (sin importancia), los impuestos directos gravan a los generadores de la renta o quien atesora la riqueza, y los indirectos son los tributos que se pagan al final del ciclo económico, son los tributos que se trasladan al consumidor final. Los tributos directos según la doctrina son los justos. Nuevamente excelente artículo. Gustavo puntocontable.blogspot.com