Homo economicus: el blog's Fan Box

sábado, 29 de septiembre de 2007

¿Bienvenida la PUCP?

LICENCIA PARA DAR RIENDA SUELTA AL PEQUEÑO RESPONDÓN QUE LLEVO DENTRO.

Algo está pasando en la Católica. Algo grave. Creo que, lentamente, está abandonando su esencia, para no quedarse atrás en la salvaje competencia entre universidades. Analicemos lo que ha venido haciendo los últimos meses...

Por un lado se ha eliminado el Ciclo Inicial, pero por otro se ha dado mayores facilidades para el ingreso de los estudiantes. Nuestra Universidad siempre se caracterizó por —a lo mucho— otorgar 50 puntos en el examen de admisión a los alumnos dentro del QUINTO superior de los colegios. Ahora, como en muchas otras universidades privadas, se ha implementado un programa de ingreso por TERCIO superior.

A partir de enero del próximo año, la Escuela de Lenguas Extranjeras (ELEPUC) habrá sido absorbida por el Instituto de Idiomas (INIPUC). Para aquellos que consideramos que una Escuela —con otros idiomas además del inglés— no es lo mismo que un instituto, esto no es más que otra prueba de que la Universidad es capaz de abandonar ciertos principios en su frenética competencia por ser más competitiva que el Británico o el ICPNA.

Asimismo, como sabemos, actualmente se está construyendo el edificio MacGregor, una construcción de 12 pisos que —a todas luces— rompe con el concepto de nuestra Universidad y nos recuerda a algunas otras. El asunto no es solamente visual, es además una violación al compromiso que hizo la universidad de no construir edificios con más de cinco pisos, pues alterarían el ecosistema que se ha creado en nuestro campus.

Pero lo que más llama la atención es que el Edificio MacGregor es más de lo mismo. No es una facultad de algo. Simplemente habrá oficinas y salones que tendrán usos múltiples. Allí irán transitoriamente los alumnos de ELEPUC cuando la facultad de arquitectura derrumbe las casetas para seguir expandiéndose, por ejemplo; y no me cabe la menor duda de que, ante el evidente incremento de los alumnos en EEGGLL, muchos de ellos tendrán clases allí. Varios de nosotros somos enviados al pabellón Z ó H cuando tenemos clases, construir otro edificio de uso múltiple sólo evidencia el simplismo que las autoridades emplean para solucionar los problemas: ¿quieren más salones? ¡Hagamos un edificio de 12 pisos lleno de salones! Sería bueno, no obstante, que sean las mismas facultades las que se mejoren y amplíen.

Por otro lado, se ha confirmado que la universidad ha comprado terrenos aledaños al CENTRUM, en Surco. Aparentemente la intención sería mudar algunas facultades para allá, para así poder atraer alumnado —de mayor escala de pensiones, claro está— que vive por esas zonas. Si bien obtener nuevas y mayores fuentes de financiamiento es necesario, creo que esto atenta directamente contra la noción de campus o ciudad universitaria: somos una de las pocas universidades que lo posee y no tiene a sus alumnos desperdigados por todos lados.

Finalmente, es imperativo mencionar que las autoridades llevan años haciendo caso omiso al pedido de los alumnos de Arte que exigen la construcción de su facultad (una de verdad y no de madera con techos de asbesto). Recientemente un trabajador cayó de uno de los techos. En el accidente, alumnos quedaron también lesionados. La universidad emitió un comunicado, limpiándose de toda culpa —echándosela, más bien, al trabajador— y afirmando que los niveles a los que se encuentran expuestos sus alumnos están por debajo de lo advertido por la Organización Mundial de la Salud. El tema podrá ser el asbesto o no, pero lo cierto es que la Universidad debe construirles una Facultad de verdad a los alumnos de Arte, siendo esta Facultad una gran ventaja que posee nuestra Universidad frente a otras. Sin mencionar que son probablemente sus alumnos —con sus altas escalas de pago y el costo por crédito mayor que en otras facultades— los que financian buena parte de los proyectos que la universidad realiza (en otras áreas, evidentemente).

Y esa es (parte de) la historia de cómo una Universidad, que ha ganado prestigio gracias a ciertos principios mantenidos, los está abandonado gradualmente debido —creo yo— a un voraz apetito económico. Olvidan las autoridades de esta Universidad, sin embargo, que el mayor valor agregado en la educación que provee nuestra Universidad es ser, precisamente, lo que van dejando de lado. Al paso que vamos, quizá en unos años nuestra Universidad quedará irreconocible, mimetizada con el otro grupo de Universidades enloquecidas por captar mercado. Comprenderemos entonces todo lo que perdimos, cosas que no podremos recuperar con dinero ni con un Empire State al lado de Biblioteca Central.

PD: Para leer algo similar acerca de la Universidad de Lima, lee La Chicha de Jora de Germán Terán.

domingo, 23 de septiembre de 2007

Ya no estás a mi lado, pero ha crecido el PBI

Usualmente no escribiría de un tema como la extradición de Fujimori —aun cuando acepto su extrema relevancia nacional e incluso internacional— en este blog, que es económico. Ciertamente, nuestro país incurrirá en gastos, quizá habrá protestas que podrían causar problemas a actividades nacionales, pero hay cosas más importantes de las cuales ocuparse en este tema.

Ayer por la tarde, mientras seguía por televisión aquella transmisión circense de la llegada de Fujimori, escuché una declaración que —aunque probablemente compartida por muchos— me sorprendió sobremanera. Un reportero, haciendo tiempo mientras llegaba el helicóptero, le preguntó a una señora qué sentía ante la llegada del ex-mandatario. Yo estoy feliz, señor, el chino ha hecho bastante acá en (nombre del barrio), no sé que otras cosas habrá hecho, pero acá ha hecho bastante y por eso se le quiere, por eso estamos felices de que haya regresado. Quizás alguien debería explicarle a la señora que Fujimori no "ha regresado", sino que prácticamente lo hemos traído de las orejas, a responder ante muy serias acusaciones.

Pero lo más grave es aquella actitud de no-sé-qué-les-habrá-hecho-pero-a-mí-me-dio-mi-casa. Esa actitud no hace más que demostrar lo lejos que estamos de ser una verdadera Nación. Por ratos me da la impresión de que somos sólo un grupo de gente, a la que le tocó vivir dentro de un mismo perímetro, gente que sólo jala agua para su molino y ya. Por ratos me entra el optimismo, y luego se va, y luego regresa... Claro, están los jotitas, Machu Picchu, Juan Diego Flórez, el pisco. ¿Eso es ser un país? En fin...

La gente se olvida de lo que hizo Fujimori, la economía sana, la derrota al terrorismo, dicen algunos fujimoristas. No. Yo no me he olvidado. Y eso que tenía cinco años. Sé que García nos dejó en el caos total. Sé que la inflación era aplastante —también sé que Fujimori mintió en el debate, diciendo que no aplicaría un shock. Sé que las trasnochadas ideas de algunos habían convertido las calles en ríos de sangre, que la penumbra era cosa habitual, y que la inseguridad y el miedo parecían haber llegado para quedarse. Estos problemas, en efecto, fueron derrotados; y el mérito que tuvo Fujimori es muy relativo. No digan que fue FUJIMORI quien derrotó al terrorismo, o FUJIMORI quien controló la inflación. Eso pasó durante la gestión de Fujimori, que no es lo mismo; pero en todo caso se le agradece haber nombrado a las personas idóneas.

Pero —también durante su gestión— hubo numerosos casos de corrupción, de violación a los derechos humanos. En efecto, durante la gestión de Fujimori se pudo haber hecho mucho por nuestra seguridad, por nuestra economía. Indudable. Pero también durante su gestión, un grupo paramilitar —con órdenes expresas— irrumpió en una pollada en Barrios Altos, y asesinó a 15 personas a sangre fría, incluyendo a un niño de 8 años. También durante esta gestión, estudiantes y profesores de la Universidad La Cantuta "desaparecieron". Restos de otros "desaparecidos" fueron incinerados, y sus cenizas esparcidas por el Pentagonito. Por otros lados menos considerados del país, mujeres eran violadas por militares, o grupos enteros de campesinos eran asesinados por algunos miembros de las fuerzas armadas. Regresando a Lima, en una salita, fajos de billetes eran entregados a diversas personalidades por favores, mientras la carga de la pobreza se hacía cada vez más pesada sobre los hombros de muchos peruanos. ¿A cuántos niños podría haberse alimentado adecuadamente con ese dinero? ¿Cuántas vidas podían haberse salvado, si se hubiera invertido en salud?

Queda claro que para ser un verdadero país, debemos comenzar a pensar como uno, a sentir —en la medida de lo posible, claro está— el drama que vivieron y viven tantas personas, como si fuera el nuestro. Ningún crecimiento económico, tan desigual como suele ser en nuestro país, justifica la barbarie desatada en el gobierno de Kenya Fujimori. ¿O a ti te consolaría el haber perdido a un familiar en manos de asesinos sólo porque la inflación está controlada, y el PBI está creciendo? No, ¿verdad?. Eso es ser un país. Hay ciertos vacíos que sólo pueden llenarse (y parcialmente) con la justicia, y no con cifras en azul, aunque algunos (o quizá muchos) no quieran verlo de ese modo.

miércoles, 19 de septiembre de 2007

Es como una manzana

A PROPÓSITO DEL CASO MAJAZ, PIURA

Imaginemos a Majaz —o para tales fines a cualquier región del país— como una manzana. Sí. Una gran y brillante manzana roja. Pues bien, resulta que viene alguien —es decir, la minería— que desea llevarse la cáscara (y sólo la cáscara) a cambio de dejarnos lo suficiente para comprar una confortable canasta y poner nuestra pelada manzana en ella.

Desgraciadamente, lo sé, esa no ha sido nuestra historia. Para las empresas mineras, la manera más fácil de llevarse la cáscara ha sido darle de mordidas torpes a la manzana, haciendo desmadre y medio, hasta dejar un lánguido tronco y luego, toma tus tres monedas. Además, el gran problema es que lo que en una metáfora —quizá en extremo simplista, ustedes dirán— es mera pulpa, en la vida real es vidas de personas, de aquellas que —sí, una vez más— menos recursos tienen, que menos presencia del Estado sienten. Ese desorden causado es, en realidad, agricultores viendo su río contaminado con cobre, incapacitados de seguir cultivando o criar animales; es niños cuya ingesta de plomo excede grandemente lo aceptado por la OMS, causándoles severos problemas.
Por otro lado, la verdad es que la canasta se nos hace importante y hasta urgente. ¿No hay alguna solución? ¿No será lo más razonable exigirle a la minera que pele —con la delicadeza requerida— nuestra manzana, aunque ello le cueste más? Es el segundo más grande yacimiento cuprífero en Sudamérica; queda claro que si el Estado le impone regulación, la minera mostrará sorpresa pero no falta de interés. Sin embargo es medular una regulación de verdad: aquí no hay uy, contaminé tu río, toma tu plata; ni uy, los precios del cobre se fueron al piso, dejo todo como está y me voy.

Finalmente, como autocrítica, debo aceptar que tras mi análisis subyacen dos endebles supuestos. El primero es que el Estado —no sólo en estos años, sino también por lo menos en los próximos 25 , lo cual dados los antecedentes políticos del Perú resulta de por sí inquietante y hasta improbable— tendrá una buena capacidad para regular la actividad minera y proteger a la población aledaña de los efectos nocivos de ella y que la minera cumplirá con su promesa de no contaminar. Resulta evidente que no pueden destruirse recursos, ni mucho menos la vida de quienes dependen de ellos en nombre de la eficiencia y el crecimiento económicos (nótese que crecimiento no es lo mismo que desarrollo, como confusamente muchos periodistas e instituciones dicen los últimos días). Un segundo supuesto es más que todo una pregunta: si, de hecho, la minería trae consigo prosperidad —a través del mecanismo que fuera— el Estado, en su rol de procurar el bienestar común, ¿debe decir qué es lo que más le conviene a un poblado?

Personalmente no creo que la minería y la agricultura sean excluyentes. Más bien una minería responsable podría hacer mucho por esos poblados tan alejados —en todos los sentidos de la palabra. En todo caso, el Gobierno tiene la última palabra, claro, pero debe recordar poner las reglas claras y muy estrictas a las mineras, a la par que calma los ánimos allí donde —con justísima razón— los pobladores desconfían y temen por su futuro. Esto último, por supuesto, es sólo mi opinión y, por lo tanto, es completamente debatible.

sábado, 15 de septiembre de 2007

Línea de pobreza

ALGUNOS CONCEPTOS PREVIOS ÚTILES PARA SIGUIENTES ARTÍCULOS

Osaré escribir sobre pobreza. Aun cuando no sé qué es tener que lavarme la cara en una batea de agua previamente usada. Aun cuando no sé qué es tener que caminar largas distancias a través de arenales, con un niño en brazos, para que lo atiendan en la posta médica más cercana —donde cercana es claramente un decir.

Resulta común escuchar acerca de los pobres del Perú. El método regularmente usado que está detrás de la mayoría de esas afirmaciones es el de la línea de pobreza. Básicamente, éste consiste en la estimación del valor de una canasta mínima de subsistencia, la cual varía de acuerdo a la región de análisis —la composición de la canasta, que incluye otras cosas además de alimentos, varía a lo largo de la Costa, Sierra y Selva. El nivel de esta canasta para Lima Metropolitana está alrededor de S/. 110 por integrante de la familia; mientras que en la Sierra Rural dicho valor es aproximadamente S/.73 (INEI). Estos niveles delimitan la línea de pobreza extrema: aquellas familias cuyos ingresos no alcancen para cubrir estos gastos esenciales son consideradas pobres extremas. En algunos casos casi doblando estos niveles obtenemos la línea de pobreza total; es decir, aquellos que se encuentran por encima de ella —S/.220 para Lima y S/.100 para la Sierra Rural, por ejemplo— pueden ser considerados como no pobres. Entre ambas líneas se encuentran, evidentemente, los pobres no-extremos.

Como vemos, la concepción de un pobre varía de acuerdo a la región. En la Sierra Rural, bastaría con tener un poco más de cien soles por integrante de la familia para ser considerado no pobre; en Lima, sin embargo, con poco más de cien soles per cápita estamos bordeando la línea de la pobreza extrema. Debido a la marcada centralización que padecemos, es precisamente en aquellos lugares más alejados en los que —a pesar de requerir un menor ingreso mínimo al limeño— la pobreza alcanza niveles estratosféricos. En Huancavelica, por ejemplo, el nivel de pobreza es de 80% de la población, donde una gran parte son además pobres extremos.

Pero, ¿basta el ingreso para "dejar de ser pobres"? ¿O la pobreza es, de hecho, un concepto mucho más amplio y complejo? En próximos artículos me dedicaré a analizar este fenómeno cuya carga lleva, aproximadamente, la mitad de los habitantes de nuestro país.

martes, 4 de septiembre de 2007

Aventuras de un Homo economicus en Vermont

EL ARTÍCULO HA SIDO RECORTADO PARA QUE NO SE ABURRAN (TANTO). -El autor.

Mientras esperaba el bus —bajo cero, inmóvil, apretando fuertemente los dientes— no podía evitar preguntarme qué rayos hacía en Vermont (VT). Era consciente de que había tomado tres aviones desde Perú, y que estaba trabajando; pero me preguntaba si realmente valía la pena todo eso. La respuesta a mi pregunta vino después de ver a mi compañero de cuarto trazar muchos palitos en un papel al lado de su cama —como en las cárceles. Aprendí, claro, que hay personas que son parte casi irrenunciable de nuestra vida, personas y cosas que no tienen valoración económica alguna. Si sólo hubiera obtenido dinero en ese viaje, ahora me lo lamentaría. Pero no. Obtuve mucho más. Aprendí a convivir, a ganar y administrar mi propio dinero, a hacer arroz en olla regular; pero —por sobre todo— aprendí a ubicar los pequeños Homo economicus en cada persona/agente.

Promovemos el intercambio cultural. ¿Y tu recibo de mil dólares?
En efecto, todo comienza en las agencias. Muchas de ellas se promocionan como compañías que promueven el intercambio cultural y permiten a los estudiantes desarrollar sus distintas habilidades. ¿Cuánto se embolsican por la gracia? Más de mil dólares por persona. Desde 1999, la agencia USE ha enviado a más de 7000 estudiantes, lo cual quiere decir que han recaudado —a grosso modo— 7 millones de dólares. Los gastos que esta empresa realiza no son tan grandes: empleados del local, ferias de trabajo, etc. De hecho, si algo saliera mal con el empleador en EEUU, el participante mismo es quien debe correr con los gastos de nuevos pasajes, alimentación, hospedaje, etc. Por otro lado, USE posee una cláusula en su contrato que obliga al participante a comprar su pasaje en la agencia de viajes, AC TOURS; deferencia por la que —asumo— percibe una comisión.

Welcome to Sugarbush…
Sí, fui un housekeeper —el que limpia las habitaciones, tiende camas, limpia baños, etc— y fue un buen trabajo porque recibía propinas esporádicas y al menos no trabaja a la intemperie. En términos más elegantes, podríamos decir que la valoración que le daba a mi temperatura corporal era mayor que aquella perteneciente a mi recato por limpiar el desmadre ajeno y malograrme la manos con todo tipo de productos. Me pagaban $8.50 la hora, lo cual no estaba mal. Pero en algo debía estarse beneficiando la empresa. Afrontémoslo: ¿por qué habrían de contratar a una bola de latinos? Conversando con unas housekeeper americanas, me contaron que les pagaban $9.50 la hora. Ajá. Eso quiere decir que por cada hora trabajada por un latino y no por un gringo se ahorraban un dólar. Si se trabaja 8 horas al día, 5 días a la semana, eso nos da un total de 160 dólares ahorrados al mes por cada uno de los trabajadores latinos. Siendo alrededor de 30 trabajadores, Sugarbush se ahorró 4800 dólares en sueldos cada mes (mucho más de $14,000 por la temporada completa) A decir verdad, en semanas de gran actividad se ahorraron mucho más. Por cada hora extra se debe pagar el 150% del salario; es decir, $12.75 a los latinos y $14.25 a los americanos. ¿Les significamos algún gasto a la empresa Sugarbush? No. Nosotros pagamos nuestros trámites consulares, nuestra comida, nuestros pasajes y los “beneficios” que nos otorgaron no fueron nada del otro mundo.

Money, money, money
Desde un compañero obsesionado por hacer horas extra, hasta gringas entrando antes a los cuartos para robarse las propinas, pasando por irrisorios cálculos con mi amigo para economizar en el supermercado, fue mucho lo que tuve que ver para convencerme de que el Homo economicus está más vigente que nunca. Los agentes sí maximizan su utilidad. Al lado de muchos, incluso, el Homo economicus es un chancay de a veinte, una caricatura.

En suma, simbiosis perfecta: una agencia que percibe millonarias —literalmente— ganancias, una empresa estadounidense que obtiene mano de obra barata sin mayores esfuerzos y un grupo de latinos felizmente explotados, felices ellos con sus lap-tops y cámaras digitales nuevas.

Sí, aprendí mucho en ese viaje. Aprendí que el Windex se puede (no sé si se deba) usar en otras superficies aparte de los vidrios y que la vida no es justa. Pero sobre todo lo del Windex.