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miércoles, 19 de septiembre de 2007

Es como una manzana

A PROPÓSITO DEL CASO MAJAZ, PIURA

Imaginemos a Majaz —o para tales fines a cualquier región del país— como una manzana. Sí. Una gran y brillante manzana roja. Pues bien, resulta que viene alguien —es decir, la minería— que desea llevarse la cáscara (y sólo la cáscara) a cambio de dejarnos lo suficiente para comprar una confortable canasta y poner nuestra pelada manzana en ella.

Desgraciadamente, lo sé, esa no ha sido nuestra historia. Para las empresas mineras, la manera más fácil de llevarse la cáscara ha sido darle de mordidas torpes a la manzana, haciendo desmadre y medio, hasta dejar un lánguido tronco y luego, toma tus tres monedas. Además, el gran problema es que lo que en una metáfora —quizá en extremo simplista, ustedes dirán— es mera pulpa, en la vida real es vidas de personas, de aquellas que —sí, una vez más— menos recursos tienen, que menos presencia del Estado sienten. Ese desorden causado es, en realidad, agricultores viendo su río contaminado con cobre, incapacitados de seguir cultivando o criar animales; es niños cuya ingesta de plomo excede grandemente lo aceptado por la OMS, causándoles severos problemas.
Por otro lado, la verdad es que la canasta se nos hace importante y hasta urgente. ¿No hay alguna solución? ¿No será lo más razonable exigirle a la minera que pele —con la delicadeza requerida— nuestra manzana, aunque ello le cueste más? Es el segundo más grande yacimiento cuprífero en Sudamérica; queda claro que si el Estado le impone regulación, la minera mostrará sorpresa pero no falta de interés. Sin embargo es medular una regulación de verdad: aquí no hay uy, contaminé tu río, toma tu plata; ni uy, los precios del cobre se fueron al piso, dejo todo como está y me voy.

Finalmente, como autocrítica, debo aceptar que tras mi análisis subyacen dos endebles supuestos. El primero es que el Estado —no sólo en estos años, sino también por lo menos en los próximos 25 , lo cual dados los antecedentes políticos del Perú resulta de por sí inquietante y hasta improbable— tendrá una buena capacidad para regular la actividad minera y proteger a la población aledaña de los efectos nocivos de ella y que la minera cumplirá con su promesa de no contaminar. Resulta evidente que no pueden destruirse recursos, ni mucho menos la vida de quienes dependen de ellos en nombre de la eficiencia y el crecimiento económicos (nótese que crecimiento no es lo mismo que desarrollo, como confusamente muchos periodistas e instituciones dicen los últimos días). Un segundo supuesto es más que todo una pregunta: si, de hecho, la minería trae consigo prosperidad —a través del mecanismo que fuera— el Estado, en su rol de procurar el bienestar común, ¿debe decir qué es lo que más le conviene a un poblado?

Personalmente no creo que la minería y la agricultura sean excluyentes. Más bien una minería responsable podría hacer mucho por esos poblados tan alejados —en todos los sentidos de la palabra. En todo caso, el Gobierno tiene la última palabra, claro, pero debe recordar poner las reglas claras y muy estrictas a las mineras, a la par que calma los ánimos allí donde —con justísima razón— los pobladores desconfían y temen por su futuro. Esto último, por supuesto, es sólo mi opinión y, por lo tanto, es completamente debatible.

5 COMENTA AQUÍ !:

Anónimo dijo...

El Estado no sólo tiene el derecho, sino también el deber de intervenir donde le parece que sea necesario, de buscar el bien común, aun cuando los pobladores crean que eso no es lo que necesitan. Sino nadie pagaría impuestos ni ahorrarían para las AFPS. -zig

Germán Terán dijo...

Este tema es COMPLICADO. Pasa por la minería, desarrollo, libertad de expresión, etc.

El problema arranca desde que Del Castillo propusiera, sin fundamento, la creación de un mineroducto que canalizaría el proceso de tratamiento del cobre en la costa. Evitando afectar el medio ambiente en la zona de Ayabaca. Ese proceso de extracción tardaría unos 100 años.

Ahora, la realida es otra. La minera Majaz, que se colocará en un cerro cercano a los distritos en discusión y la contaminación del Río Blanco podría ser muy grave.

Ahora, algunos (como el señor Del Castillo) minimizan la acción DEMOCRATICA de estos distritos al efectuar una consulta popular sin efecto vinculante (no tendrá relevancia el resultado obtenido), y la tilda de "anti-patriota" e "ilegal". Esos tres distritos son TAN DISTRITOS como miraflores o san isidro, no por estar alejados no son importantes.

Y es cierto, crecimiento no es igual que desarrollo. Si no se estudia y se parametra el crecimiento económico en la zona, y no se ejecutan adecuadamente las acciones pro-desarrollo, el ingreso desmesurado de dinero a los bolsillos no acostumbrados a recibir esas sumas, podría atraer todos aquellos vicios que la plata trae consigo.

Proyectos de desarrollo con la población, regulación efectiva del estado y protección del medio ambiente. Puntos centrales, en mi opinión.

Pronto la organización para la cual trabajo sacará un informe oficial sobre este tema

Bue enfoque Ben.

GUILLE da MAUS dijo...

Lamentablemente no puede haber democracia efectiva cuando la población se fanatiza recibiendo información constante y "punzante" únicamente d eun lado, el de los antimineros "ambientalistas". No veo como en esa situación pueda haber un ejercicio efectivo de sus derechos ciudadanos. Lo que hay es un uso de ellos pero por parte de ciertas autoridades y organizaciones que usan a su favor incluso la fuerza bruta (en todos los sentidos) del gobierno.

Hay mucho sentimentalismo, mucha "romanticada". El caso concreto es que la gente "opina" con el corazon, el higado y no otros organos, pero no con el cerebro.

Laura Arroyo Gárate dijo...

El último punto es debatible pero también lógico. Es la primera vez que paso por aquí y me ha gustado el post. Seguimos hablando.

Más sobre MAJAZ
http://menoscanas.blogspot.com

Anónimo dijo...

Pamela Ravina dice:
Mi estimado Homo economicus, debo decir que a la reflexión auto crítica sobre su artículo debe agregarse una consideración más: la democracia supone que cada grupo o nación opte por lo más conveniente para sí -Savater dixit. En este sentido, ¿no crees que quien debe decidir (bajo la experiencia PROPIA y no la ficticia) sobre este asunto y no el Estado que, finalmente, y como dices tú, no tiene presencia en el sitio?
Finalmente, quien se queda sin agua, sin suelos cultivables, no es Alan García (ni el futuro presidente que, esperemos, no sea el Chino) sino los pobladores de la zona.