Homo economicus: el blog's Fan Box

sábado, 13 de octubre de 2007

Cuando la oferta y la demanda destruyen el gráfico

A PROPÓSITO DEL BLOG ACTION DAY

Si Adam Smith viviera y se enterara de que los osos polares están muriendo ahogados, reformularía sin lugar a dudas su teoría de la mano invisible[1], al menos de manera tal que no sea usada a diestra y siniestra para justificar el desbande total. La contundencia de la crisis climática es aplastante y lo más triste es que ha sido causada en gran medida por —sí, adivinaron— el Homo economicus.

Aun así, quizás sea una de esas verdades que nos negamos tozudamente a creer, complementada algunas veces por ese recurrente —y estúpido— comportamiento que nos hace pensar que minimizando los problemas, nos deshacemos de ellos, o al menos dejan de afectarnos. O aun peor, la egoísta certidumbre de saber que somos aves de paso en este mundo y que si nuestros padres nos dejaron un hoyo enorme en la capa de ozono, nosotros por qué no hemos de hacer con la tierra desmadre y medio.

El problema viene de las grandes empresas que contaminan[3], pero también de la inescrupulosidad con la que derrochamos recursos y energía los ciudadanos, como dicen algunos, de a pie. Y todos han buscado su beneficio. Eso es algo que, hasta hace un tiempo, los modelos económicos no lograban incluir. De hecho, ni siquiera fueron conscientes del problema por mucho tiempo.

Aceptado el problema, lo cierto es que tú que lees este blog —o en el extremamente improbable caso de que seas un importante gerente de una trasnacional: buenas noches señor— no cerrarás el caño mientras te cepillas los dientes ni apagarás las luces cuando abandones un cuarto —ni su minera dejará de envenenar los ríos de las comunidades aledañas. Así funcionan las personas —y me incluyo, porque soy una persona, aunque a veces lo pienso con insistencia— en este tipo de cosas: les parece bonito, necesario, hacen una pancarta. Fin del asunto.

¿Cómo se solucionan este tipo de problemas? Veamos las pensiones de seguro, por ejemplo. Todos saben que son necesarias, pero lo más probable es que si no nos obligaran a ahorrar parte de nuestros ingresos para percibirlos a manera de pensión en el futuro, éste dinero terminaría en un viaje al Caribe o en un televisor plasma, y terminaríamos comiendo galletas de soda de abuelos[2]. Sí pues, el Estado es necesario, una vez más. Si comprendemos que la solución al problema climático no vendrá solamente de parte de las personas conscientes, sino que será necesaria cierta coacción por parte del Estado, estaremos bien encaminados. Podría considerarse un desincentivo a la inversión, podrán decir algunos. Cierto. De hecho, ser un lugar donde se te permite hacer lo que te la gana con los recursos naturales es un gran incentivo a la inversión. Y una gran estupidez, también. ¿De qué nos servirá tanto dinero e inversiones si no podremos disfrutarlas propiamente?

Hay quienes dicen que el problema del calentamiento global —por ejemplo— es sólo una invención para articular a gente en torno a un ideal activista. Yo dudo que esto sea así. Pero si así fuera, eso no sería pretexto para continuar destruyendo el planeta en el que vivimos. Un poco de cuidado no nos haría mal, ¿verdad?


[1] La imagen de la mano invisible propuesta por Smith afirma que la búsqueda del bienestar particular por parte de los agentes, llevará al bien común. La superlativa simplicidad a la que ha sido reducido el argumento de Smith, sin embargo, ha sido una peligrosa arma de defensa pseudoliberal.
[2] Esto es, más o menos, lo que se llama un bien preferente.
[3] Las externalidades, situación por la cual un individuo afecta a otros sin considerar el costo social sino solamente el propio, son un asunto del que espero poder escribir en un futuro no tan lejano.

4 COMENTA AQUÍ !:

Raulín Raulón... dijo...

Gracias por recordarme lo del d�a de acci�n bloggera.

Lamentablemente, aqu� vivimos caminando sobre la soga al respecto. Pudimos salvar la situaci�n en los casos de Tambogrande y, salvo que suceda uno de esos peruan�simos imponderables, Majaz. A�n as� estamos olvidando da�os permanentes que aparentemente no tienen reversibilidad.

Recordar el circuito de lagos y salares de Bolivia (no s� porqu� lo relacion� con mi �ltimo post) me hizo pensar en el destino de muchos de nuestros espejos de agua serranos. Algunos degenerados por la medida ahorradora de simplemente dejar relaves mineros ah� (teniendo la posibilidad de fosas de oxidaci�n) o los desag�es como en el Titicaca, que tambi�n, al igual que no s� cuantos m�s, est� en gradual proceso de secado.

La mar aumenta, y tambi�n los r�os de la costa disminuyen en caudal. Veamos quien podr� explotar tanta agua salada, o si esto incentivar�a la llegada de capitales en el 2040.

Anónimo dijo...

entra a www.generacionco2.org y únete a la campaña de ACCIÓN POR LAS OLAS DE LA COSTA VERDE, el espacio público marino de Lima.
saludos,
marisol miró quesada

Felipe Valencia-Dongo Q. (1988) Estudiante de Economía. UP dijo...

Estimado Ben:

Acabo de publicar un blog con motivo del Blog Action Day y de la reactivación de mi blog. Espero te resulte interesante.

Saludos,

FV-D

Eloy E. Ávalos dijo...

Respecto al artículo, déjame decirte mi estimado Ben que por ningún lado encuentro el "nexo argumentativo" de cómo así el homo economicus sería la causa de la destrucción del gráfico. En todo caso, asumir que determinada racionalidad es la causante de tal hecho, es tan válido como afirmar que tal hecho es la causante de la racionalidad cuestionada, entonces ¿en qué quedamos? O crees que es una cuestión de cambiar de conducta o aptitud (como para animar a los psicólogos a meter su cuchara).
Creo que debemos considerar como punto de partida, que existe un proceso que está generando dichos problemas. Proceso en el que la racionalidad maximizadora sólo constiuye un elemento más. Pero, ¿cuál son las leyes que operan en el proceso de producción y distribución de la economías que tiene consecuencias sobre el ecosistema del paneta? Una respuesta, nos adelantó, hace más de dos décadas N. Georgescu - Roegen. Así que, tampoco es una preocupación nueva para los economistas.
Eloy E. A.