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lunes, 24 de diciembre de 2007

La no tan tirante relación comercial Perú-Chile (parte II)

UNA PEQUEÑA RESPUESTA, PARA TERMINAR: NO ES SÓLO WONG.

No sabía cómo comenzar esta segunda parte, hasta que leí los comentarios que seguían al artículo de Silvio Rendón (quien comenta la primera parte de mi artículo).

"Leí el post de Ben y sus comentarios. Creo que los fundamentos económicos en su argumentación son incorrectos. El origen o nacionalidad del capital no importa en la determinación de los salarios, ni en la tasa de crecimiento del consumo" (Saki). Luego de ello, Saki me propone hacer un ejercicio mediante un modelo de Solow, resultado del cual obtendríamos resultados que no dejan muy bien parada a la primera parte de este artículo. En otro comentario se añade, "sólo que pensé que la variable que más nos interesaría sería el ingreso per cápita" (Carlos).

Primero debo aceptar que, con un octavo ciclo recientemente concluido, presento mis argumentos con las limitaciones que --muy probablemente-- deben tener. Presento un enfoque crítico a los tan confiados modelos . Para evitar que gente que no sabe de economía abandone el artículo a la mitad, presentaré sólo un par de reflexiones.

En primer lugar, ¿contrastado empíricamente, el modelo de Solow predice bien lo que sucede en la economía peruana? Habría que probarlo.

Asumamos que sí. Que las predicciones del modelo de Solow se ajustan exactamente a la nunca fácil de estimar realidad peruana. Si efectivamente aumenta el "ingreso per cápita", ¿fiesta?. ¿No estamos en una situación en la que el producto viene creciendo por años y el bienestar no se incrementa de manera significativa? ¿Disminuye la pobreza al ritmo que debería? ¿Qué tiene que ver las inversiones chilenas? Paciencia.

Me quedo entonces con un comentario de Carlos, "deberían dedicar toda esa energía (la de criticar) a preguntarse con rigurosidad qué estamos haciendo mal, o que están haciendo mejor ellos (los chilenos), antes que lamentarse y rasgarse las vestiduras".

Estamos de acuerdo en que las reformas son necesarias, unas reformas que -por ejemplo- mejoren la pésima distribución de ingresos en nuestro país: que se aseguren que las grandes empresas contribuyan; o que busquen dar solución a los desbalences regionales. Al respecto, debe decirse que se ha suscrito un acuerdo de complementación económica con Chile, que posee en temas de inversión -entre otros asuntos-- muchas semejanzas con el TLC suscrito con EEUU. Sí, increíblemente, con Estados Unidos de Norteamérica.

Sabemos que una verdadera reforma tributaria es indispensable para seguir en el camino al desarrollo. Sin embargo, en el "TLC" con Chile se incluyen definiciones tales que podrían considerarse a las medidas tributarias (para proteger el medio ambiente, por ejemplo) como expropiación indirecta. Es decir, una gran traba a los intereses nacionales. Reducir el margen de acción de un Estado en materia tributaria es gravísimo.

Pero claro, el modelo Solow no contempla la desigualdad de los ingresos ni mucho menos la existencia de tratados que dificultan las reformas que permitirían que el ingreso per cápita sea un indicador fiable del bienestar (DEMASIADO IMPORTANTE EN LA REALIDAD PERUANA). Como reflexiones finales debemos considerar dos asuntos: en primer lugar que el enfoque económico no debe ser solamente un modelo y ya, cada economía tiene sus particularidades; en segundo lugar, que es importante conocer todo el cuento: considerar los asuntos más sensibles, asuntos que no se discutieron de un acuerdo que fue suscrito entre gallos y medianoche, y que muchos desconocen. ¿Por qué?.

Así, niego tajantemente que mis artículos estén únicamente escritos con el sentimiento. Creo que se quieren confundir mis argumentos con los de aquellos antichilenos acérrimos, viejitos antiinversiones, resentidos por la Guerra del Pacífico, el papá de Ollanta Humala o lo que fuera. Y no. Uno puede perfectamente discrepar con esas opiniones, y presentar argumentos económicos perfectamente válidos, sin que pueda desvirtuárseles tildándoseles de "patrioteros" e "irracionales". Ahora me daré un descanso hasta el 2008. ¡Feliz Navidad! (a todos).

lunes, 17 de diciembre de 2007

La no tan tirante relación comercial Perú-Chile (parte I)

(ver el debate en los comments que siguen al presente post)

SOBRE POR QUÉ WONG YA NO PUEDE VESTIR DE CHALANES A SUS EMPLEADOS

Las guerras suelen tener un sustento económico. En 1879, el brillo de las cotizadas heces de aves guaneras y el salitre despertaron en el pueblo chileno una ambición que llevó a tres naciones —incluyendo la peruana, paradójicamente, en una terrible crisis fiscal— a una guerra que terminó en la expansión chilena.

Aunque probablemente muchos hayan olvidado —o lo que es peor, ignoren— las arteras actitudes chilenas en la Guerra del Pacífico; diversos hechos se han encargado de reavivar aquel conflicto. Los denigrantes videos propalados por la empresa chilena LAN en sus vuelos, los pésimos tratos que reciben los inmigrantes peruanos en Santiago o el afán por apropiarse de nuestros productos y platillos —si hay algo de lo que el peruano está orgulloso es de su comida, sacrilegio meterse con ella— son buenos ejemplos.

Revisemos ahora dos hechos recientes e importantes, en la relación —específicamente comercial— entre Perú y Chile.

Inca Kola es sin duda la bebida insignia del pueblo peruano —que no se resienta la chicha morada. En 1999, la Coca-Cola Company compró el 50% de las acciones; y hace unos meses, se informó al público que la esencia de la bebida de sabor nacional —quizá el slogan deba ahora reformularse— dejaría de producirce en Surquillo para comenzar a hacerlo en Chile.


En segundo lugar, ayer (17-12-2007) se hizo de público conocimiento que la corporación Wong (eso incluye a los supermercados Wong y a METRO) había sido adquirida por un grupo minorista chileno, Cencosud (Santa Isabel). De acuerdo con datos del grupo Wong, su participación en el mercado nacional es de un 60% y registra ingresos anuales por unos 1,000 millones de dólares. Así es, la empresa cuyo logo luce emblemáticamente los colores nacionales, la que viste a sus trabajadores de chalanes en Fiestas Patrias, orgullosísima de ser peruana… ya no lo es. En ambos casos, la razón del traspaso es la misma.


Mientras que el gerente de comunicaciones y asuntos públicos de Inca Kola, explicó que la decisión respondió a una política de optimización de recursos, con el fin de consolidar la marca (Terra); por su parte Efraín Wong, consideró que la operación multiplicará sus posibilidades de crecimiento en el mercado interno, pues "un mercado como el peruano (…) requiere de la suma de esfuerzos de grandes operadores"(Peru21).


Pero algo más une a ambos casos. Inca Kola representaba el éxito: junto con la bebida Irn Bru, popular en Escocia, son las dos únicas gaseosas que superaron en ventas a Coca Cola en sus países de origen (Terra). Los Wong fueron vistos, quizás, como el símbolo de la familia emprendedora, el modelo a seguir del empresario peruano. De bodeguita de la esquina a super corporación.


Ahora bien, centrándonos en el caso que motivó el presente artículo, en la administración de supermercados, existen tres grandes operadores[1]: el Grupo Wong, Supermercados peruanos (cuyo capital es 60% peruano) y los Hipermercados Tottus (del grupo chileno Falabella). En el 2005 el grupo Wong tenía una participación de 61% del mercado, y los otros dos grupos 28 y 11%, respectivamente.



Si actualizamos los datos y advertimos la rápida expansión de TOTTUS (supermercado que comenzó sus operaciones en el 2002 en Mega Plaza, abriendo una tienda en San Isidro en el 2003, en el 2004 en San Miguel y en el 2006 en San Juan de Miraflores); si consideramos que la empresa ha anunciado la apertura de 4 locales más; y si sumamos el hecho del traspaso del grupo Wong, ahora podemos decir que los supermercados están, ahora, mayoritariamente dominados por capital chileno.


Algunos ya argumentan que, como parte de esta transacción, Cencosud ha otorgado acciones al Grupo Wong y que es una gran noticia, pues significa mayor presencia de capitales peruanos en Chile. Sin embargo, el grupo Wong ha recibido una minucia, menos de 3%, en un contexto donde la inversión peruana no marca la diferencia. En cambio Cencosud obtiene el 100% de un grupo con participación de más del 60% en un mercado tan grande como el de los supermercados.


En el marco de un TLC con Chile, lo que más necesitamos no es lograr imperceptibles"avances" en Chile, sino consolidar las empresas de capital peruano (comenzando en nuestro propio país), para lograr cerrar las asimetrías. Sépase que la inversión peruana en Chile es de 20 millones de dólares, la chilena en Perú —no obstante— asciende a 4600 millones de dólares.


Lejos de las economías de escala y la obsesión por la optimización de recursos, debería incluirse en la lógica empresarial la valoración de lo nacional, además de la necesidad de consolidar la presencia de capitales peruanos, como parte importante de nuestro desarrollo, especialmente en el marco de un tratado que podría terminar en nuestra completa absorción—por lo menos comercial—por parte del vecino de sur.



[1] FAIRLIE, Alan. Relaciones económicas Perú-Chile: ¿integración o conflicto?