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jueves, 10 de enero de 2008

El mercado de la religión

Me tomo una licencia. No más PBI ni pobreza. No por hoy. Hoy quiero discutir algo que bien podría caer en la categoría de trivialmente trascendente. No cabe duda de que el Perú es un país religioso. No hay certidumbre de qué religiones existen. Me atrevería a decir que hay casi tantas como creyentes. El catolicismo —aunque le duela a los curitas— es interpretado y tergiversado por todo mundo a su antojo. Y esto lo dice un católico que suele asistir casi todos los domingos a Misa, y que ha percibido que se registra mayor afluencia de público en fechas como la Navidad o el Domingo de Ramos. De alguien que en el colegio solía entrar un minuto a la capilla, y observaba cómo —curiosamente— en fechas de exámenes finales, los colegiales se acercaban en manada, como si el Espíritu Santo les fuera a soplar la fórmula de los productos notables. Como si, de hecho, se pudiera ser católico por momentos. No practicante, se engañan algunos. Y ni hablar del sincretismo religioso, ni de las nuevas religiones.

¿Podríamos ensayar modelar los comportamientos de los feligreses y las iglesias como agentes económicos? Hagámoslo bajo riesgo de excomunión.

La demanda por salvación
Aunque parezca extraño, no todo el mundo quiere salvarse. Si existiera la certeza de que la salvación existe, la demanda sería igual a la población mundial. Pero algunos simplemente no creen en la salvación. Otros creen que pueden salvarse sólo siendo buenos y no necesitan de una iglesia. Y están los que sí creen que la iglesia es necesaria. Dentro de este último grupo están los que van a Misa, y los que van esporádicamente, pues usualmente el costo de oportunidad es muy alto. Digamos que prefieren quedarse durmiendo hasta tarde o viendo Panorama los domingos. En todo caso, no cabe duda de que la demanda fluctúa a lo largo del tiempo. En momentos difíciles la gente suele recurrir al Dios que habían dejado empolvado en el cajón; o se desilusionan tanto con ese Dios que parece no escuchar las plegarias, que simplemente dejan de creer en Él.

La oferta de salvación
Podríamos decir que el tipo de oferta depende del tipo de religión. Hablando de las más importantes en el Perú, las Católicas y Protestantes ofrecen salvación a todo aquel que acepte a Jesús como Salvador. Todo el que quiera y haga lo necesario para salvarse, lo hará. En el caso de los Testigos de Jehová, digamos que la oferta es limitada: sólo 144 mil se salvarán. Existe racionamiento —como existe en el mercado de créditos—; es decir, no todo el que demanda, obtiene. Es lo que se llama un mercado no-walrasiano.

¿Cuánto cuesta la salvación?
Una vez más, la respuesta depende de la iglesia. En rigor, uno podría salvarse sin gastar un solo centavo. Es decir, podría asistir a Misa, no comprar la hojita, no dar limosna y aplicar siempre las enseñanzas de Jesús, y listo. Salvación. Pero, las grandes construcciones de templos católicos, protestantes y mormones —en especial en países más desarrollados— nos indican que fuertes cantidades de dinero se mueven en este rubro.

De todas, la Católica es la religión que menos explícita hace su tarifa. Recordemos que es una ofrenda y no una limosna económica, dicen en Misa. Y cada quien pone lo suyo. Siempre hay un billete en la canasta, y a menudo muchas monedas de diez y veinte céntimos. Uno que otro ignora a la persona que pasa con la canastilla y sigue cantando. No paga nada. Un free rider total. Quiere salvación, sentándose en las bancas, consumiendo las hostias y la electricidad que no paga. Sin embargo, la mayoría de las iglesias apartadas del catolicismo hacen muy explícito que lo correcto es entregar el 10% (diezmo) de tus ingresos. Nadie te controla —no existe un mecanismo que debite automáticamente el 10% de tu cuenta de ahorros, al menos no por ahora— pero existe la presión de hacer “lo que está en la Biblia” y la de los hermanos que están pendientes de cúanto diezma el hermano fulano o el hermano mengano. Así, evidentemente en el Perú, la Iglesia Católica ha venido convirtiéndose en la cenicienta. Las iglesias protestantes han dejado atrás el lujo barroco del catolicismo para dar paso a confortables bancas acolchadas, con biblias, canciones proyectadas con Power Point y lujosas orquestas que tocan los movidos cánticos.

La iglesias como agentes
Pero no seamos mezquinos. La religión es una actividad que evidentemente genera costos. Si nadie aportara, las iglesias no podrían seguir abriendo sus puertas. Algún financiamiento es necesario. Las hostias, la luz, las imágenes, los cálices y las flores no se compran solos. Pero en el caso de la Iglesia Católica, los feligreses sostienen al párroco y a menudo a congregaciones de hombres y mujeres célibes. En el caso de las protestantes, con frecuencia hay que mantener al pastor, a la esposa, a los hijos, etc. En la serie de televisión Sétimo Cielo, por ejemplo, la iglesia mantiene al pastor, a su esposa y a su media docena de hijos y acompañantes.

Y si bien es cierto, muchas iglesias —especialmente en las zonas marginales— viven en la mayor austeridad; en las zonas más pudientes, si realmente existe la idea de maximizar la utilidad mediante el desprendimiento de cosas, para compartir con los más pobres, ¿por qué no se gasta menos en diseños fastuosos de templos? ¿Por qué se usan cálices bañados en oro y no simplemente unos de madera, bien cholos? ¿Por qué no se imprimen menos ediciones de Atalaya y Despertad! para dar de comer a los niños? ¿Por qué no se organizan menos luaus y reus con los hermanos, y más chocolatadas en barrios marginales?

Cualquier sugerencia o comentario respetuoso se acepta, especialmente si propician una segunda parte.

8 COMENTA AQUÍ !:

ShaelKoNef dijo...

añadido a la seccion de post memorables


saludos

Gonzalo Aguilar Riva dijo...

Me interesa la oferta. Por ejemplo, hace poco, en un pequeño pueblo de Ayacucho, desterraron al cura del pueblo porque permitía a los campesinos que durante la misa canten en quechua y paguen la tierra. Y ahora hay tres curas italianos muy al estilo Cipriani, muy al estilo del Opus. Y los campesinos ya no van. ¿No podría ser la oferta un poco más flexible? ¿O es necesario mantenerse a punta de silicio? ¿No podría ser la oferta un poco más honesta y no ocultar los casos de violaciones a niños inocentes? ¿No podría la oferta incorporar a sus filas Padres Martín y Gustavos Gutiérrez en lugar de despreciar su labor? ¿No será que en este caso la calidad de la oferta desincentiva la demanda?

Ben Solís dijo...

En efecto, muchas veces la calidad de la oferta desincentiva la demanda. Pero otras tantas, la religiosidad popular se impone a la norma. Mira a Sarita Colonia, a Melchorita Saravia. Ellas no son nadie en la Iglesia Católica. Pero están en capillas, calcomanías, estampas: presentes.

En ese sentido, sí, la Iglesia Católica ha tenido muchos errores: torturas y homicidios en la Inquisición, violaciones por curas pedófilos, etc. Quizá inevitable en todo grupo humano, aunque traten de ser líderes espirituales. Al respecto, Benedicto XVI recientemente pidió perdón por las violaciones a ñinos. No basta, obvio. Pero creo que es un gran avance. Reconocerlo.

La Iglesia Católica ha cambiado mucho, ha abandonado muchos prejuicios absurdos y confío en que lo seguirá haciendo. Siempre un poco rezagada a la época, pero avanza. Quizá porque ya no son un monopolio, y la competencia avanza galopantemente.

Pumakawa dijo...

Quizás esté hablando chino para los lectores de este blog, pero me parece que la falta de "flexibilidad de la oferta" puede explicarse en buena medida por las raíces filosóficas del catolicismo:

En la Edad Media, la Iglesia adoptó una forma de neo-platonismo como sustento de su doctrina, lo que resultó en la separación entre el alma y el cuerpo (ausente en la Biblia) y la identificación del Reino de los Cielos con el Mundo de las Ideas platónico (hasta entonces, el Reino era imaginado de una manera bastante material, como todo paraíso de raigambre oriental). Como recordarán, el Mundo de las Ideas es el ámbito de la existencia en que habita todo lo trascendente, perfecto y eterno; mientras el Mundo Contingente es lugar de su correlato imperfecto y variable, del que como mortales corpóreos somos partícipes. Por un lado, si la superación del Mundo Contingente era la meta de la vida intelectual y espiritual, era natural que el Reino, como lugar de la Vida Eterna, se volviera incorpóreo. Por el otro, la Justicia, la Belleza y el Bien serían valores trascendentes y absolutos por habitar el Mundo de las Ideas: moralmente, esto supone su infabilidad como preceptos independientemente de las circunstancias de la vida material, anulando toda posibilidad de relativismo. Básicamente, que la doctrina y las prácticas católicas tengan que ajustarse a las circunstancias cambiantes del mundo supone una negación de su caracter absoluto y trascendente: de una forma elemental, ¿cómo es que Dios, quien las dictó, va a tener que corregirse? En este sentido, es interesante pensar que los Evangelios, y el Nuevo Testamento en general, son básicamente la historia de Dios corrigiéndose.

No soy una persona religiosa, pero supongo que la Iglesia se da cuenta cada vez más de que lo único absoluto es la fe de fondo, y el deseo general del bien. Tanto el platonismo como el conservadurismo testarudo me parecen arrogantes.

Gonzalo Aguilar Riva dijo...

Respecto a tu comentario...¿estás seguro que la Iglesia avanza? A mi me late que está, más bien, retrocediendo. Me parece un paso atrás, si es que no dos, que Benedicto XVI les diga a las tribus amazónicas brasileras que deben agradecer el reconocimiento del catolicismo en sus vidas, aunque éste haya sido impuesto a golpes. Pienso también que quedarse estancado es, a riesgo de parecer apresurado y desesperado, retroceder. Quedarse parado es ir para atrás, porque el tiempo transcurre, la distancia es la misma pero queda menos tiempo (ojalá que no sea tan poco). La Iglesia Católica sigue marginando a las mujeres, que, por ejemplo, no pueden ejercer el sacerdocio. ¿Dónde está fundamentada esta decisión si no es en un machismo tan antiguo como la Iglesia misma? Ojo, este comentario no es una negación de la fe, que puyedo o no compartir, sino una crítica a una institución jerárquica excasivamente corrompida. ¿O estoy hablando pavadas?

Ben Solís dijo...

Pavadas pavadas, no. Pero como miembro regularmente activo de la Iglesia podría asegurarte que la Iglesia sí avanza. Se renueva por dentro: viene de los fieles más que de los líderes. Es cierto que en un mundo tan rápido, esperar que un grupo de fieles ejerza presión sobre los líderes y esperar más tiempo para que éstos, de hecho, se decidan a cambiar las cosas es un mecanismo poco efectivo y rezaga a la Iglesia Católica. Es evidente que en la Iglesia habrá de todos: sacerdotes ultra ortodoxos y otros más liberales, corruptos, pedófilos, y verdaderos ejemplos de vida; como en todo grupo humano: la institución tiene mucho por mejorar. Pero habemos los que creemos aún en ella, y comprendemos que es bastante RÍGIDA, tensiones internas que no le permiten avanzar al ritmo que muchos quisieramos. Así, la institucipon no es NADA sin la FE de sus fieles, y eso -como diría Alonso- VALE.

anuk dijo...

La iglesia católica está dirigida por seres humanos por lo tanto es imperfecta, ésta ha cometido y comete errores, me parece que está mal dirigida aunque traten de ver que está modernizándose. Me molesta muchas cosas de la iglesia, me llega que existan curas que fingen algo que no lo son, por eso existen pedofilos, violadores, que se escudan de ser personas buenas, respetables, dignas cuando no lo son. De hecho que existen algunos que lo son porque estas personas son comprometidas de verdad, algo muy dificil de ser en estos tiempos.
Por otro lado, las nuevas religiones o sectas tratan de buscar su beneficio aprovechandose de sus feligreses en pedir sus diezmos y que pena que no sepan utilizar bien esos ingresos en lo mas importante: transmitir sus enseñanzas en la practica.
Yo creo que existe un ser Todopoderoso y es lo que yo mas confio, sigo, rezo y venero. Existe uno solo que es venerado por todos, sea catolico, budista, testigo, mormon, etc, etc, por lo tanto no creo en lo demas.

Daniel Salas dijo...

Hola, Ben:

La solución, creo, pasa por aplicar severamente las leyes antimonopolio. El Todopoderoso incurre en competencia desleal con las deidades menores, ya que es capaz de hacer cualquier tipo de milagros. Además, amenaza con castigos severísimos a quienes quieran cambiarse de afiliación. Sus enseñanzas son incompatibles con otros programas. Mismo Microsoft. Aquí hay más información al respecto:

http://www.theonion.com/content/node/28626

Saludos.