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jueves, 6 de marzo de 2008

¿Prohibirá la ONU la Coca-Cola?

La ONU afirma que el Perú debe prohibir el chacchado de coca. Sí. Según RPP:

Dictar medidas internas para prohibir la práctica de masticar la hoja de coca en Perú y Bolivia, así como el uso de esa planta en la fabricación de productos destinados al consumo masivo, estableció la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE). (…)

Dicha recomendación colisiona con los usos tradicionales y medicinales de esta planta ancestral en ambos países, y cuestiona además el uso de la hoja de coca con fines industriales, en cualquiera de sus presentaciones, como la fabricación de té, mate o harina de coca. Masticar hoja de coca tendría un impacto en el aumento de la drogadicción, por lo que es necesario erradicar esa práctica, especialmente entre los jóvenes, según el informe de la JIFA.


El nombre COCA-COLA no es casual. La Coca-Cola sí usa un extracto de hoja de coca no narcótico, producido por Stepan Company en Maywood, New Jersey. Esta compañía es la única a la que el Gobierno Federal de Estados Unidos permite importar -principalmente de Perú- y procesar la hoja de coca. Dados los "efectos nocivos" de la coca, ¿la ONU forzará a la Coca-Cola ha quitar dicho componente de su fórmula secreta? ¿O es que la coca es mala sólo cuando la usamos nosotros?

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Aquí replico el artículo "Coca con cola" del 31 de julio del año pasado.

Estudios de la Universidad de Harvard han advertido el valor nutricional de la hoja de coca, afirmando que ésta “posee más calcio que la leche, tanto fósforo como el pescado y más hierro que la espinaca” (Guillermo Giacosa). Asimismo, se sabe que el cultivo de esta hoja da más cosechas al año y requiere menos agua que muchos de los cultivos que actualmente representan parte importante de nuestra dieta y aportan un menor valor nutritivo. Es importante considerar, por tanto, que la hoja de coca es —en términos de eficiencia— superior a los cultivos que actualmente se consideran rentables, pues reporta menores costos de producción y provee mayores beneficios nutritivos.

Por otro lado, es cierto que muchos cocaleros cultivan esta hoja por tradición, pero ella se iría al tacho si no hubiera comprador alguno. Evidentemente, los cocaleros son cocaleros también porque existe gente cuyos negocios involucran la compra de coca, gente que la demanda. Según las Naciones Unidas, producimos 70 mil toneladas de hoja de coca, de las cuales sólo 9 mil toneladas se utilizan para fines energizantes, medicinales, religiosos e industriales. El excedente va indudablemente al narcotráfico.

Si bien la hoja de coca posee un gran potencial en materia de nutrición, resulta claro que la satanización sobre este cultivo representa una de las principales trabas para que sus verdaderos beneficios sean aprovechados. Prejuicios basados en el hecho de que la hoja de coca representa el insumo principal para la producción de droga, aunque la hoja no sea en sí misma una droga.

Personalmente, considero que la alternativa más razonable es reducir los cultivos de coca no mediante la represión —bombardee usted, ministro— sino mediante el cambio gradual hacia cultivos más rentables. Si los cocaleros dicen que no sirven al narcotráfico, bastará con presentarles opciones que sean más rentables que la coca “como producto tradicional”. Evidentemente, no podrá superarse el precio que muchos de ellos reciben por la hoja como insumo elemental para la producción de droga. ¿Preferirán la ilegalidad rentable a la legalidad no tan provechosa?

No podemos olvidar, sin embargo, que la hoja de coca es parte de nuestro patrimonio y un recurso que bien podríamos utilizar para combatir los flagelos nutricionales. Una idea no tan descabellada sería reducir los cultivos a un poco más de las 9 mil toneladas que se producen actualmente para fines legales. Paralelamente, podría buscarse impulsar la industrialización de este cultivo, mediante procesos de elaboración de productos piloto que busquen hacerse un espacio tanto en el mercado nacional como en el internacional, donde las características estrella serían los bajos precios y los altos niveles de riqueza alimenticia. De prosperar esta alternativa, podría comenzarse a incrementar nuevamente la producción de hoja de coca, ya que ésta se habría tornado en un cultivo legalmente rentable. Evidentemente, la regulación en esta alternativa resulta medular para asegurar que los cultivos permitidos no se filtren hacia el narcotráfico.

Así como están las cosas —no obstante— el camino hacia el uso industrial de la hoja de coca se avizora intrincado y temerario, debido a los prejuicios impuestos internacionalmente (si la coca fuera gringa, empero, otro sería el cantar; sería algo así como el noni yanqui). De este modo, nuestra hoja no parece tener una perspectiva favorable, sobre todo en el mercado internacional —en el nacional, más bien lo tradicional y naturista ha adquirido gran devoción— especialmente porque la política comercial norteamericana (y probablemente también las demás lo harían) tiende a poner como condición para beneficios a la erradicación irrebatible de dicho cultivo. En un futuro, una vez reducidos las hectáreas sembradas, impulsar nuevamente el cultivo de hoja de coca para su utilización industrial podría llegar a plantearnos serios problemas con el país del norte en materia comercial. Entonces, estaremos ante una monumental disyuntiva.

4 COMENTA AQUÍ !:

Gonzalo Aguilar dijo...

Bueno, en primer lugar ya sabemos a qué intereses responde la ONU ¿no? Es el organismo multinacional de los Estados Unidos, empecinado en su lucha contra 'el narcotráfico y el terorismo', pero no condena a su aliado Colombia cuando bombardea territorio ecuatoriano, es más, lo defiende. Detienen a ciudadanos peruanos que participaron de un congreso bolivariano en Ecuador. Quieren prohibir la hoja de coca. ¿No son éstas demasiadas coincidencias y provocaciones que pretenden dividir la ya resquebrajada unidad latinoamericana? ¿No estará Mr. Donkey interesado en repotenciar la alicaída economía norteamericana promoviendo algunos conflictos que generen ingresos para su industria bélica? Preguntas, sólo preguntas.

Ariel Yevenes Subiabre dijo...

Bueno... aunque el artículo lo aborda, no asume el problema central de que los insumos son demanda derivada y por lo tanto, guste o no, cabe analizar para qué se está utilizando.

Saludos.

Anónimo dijo...

¿Realmente ganaría la legalidad no tan provechosa a la ilegalidad rentrable? ¿Sería suficiente con (y cito) "reducir los cultivos de coca (...)mediante el cambio gradual hacia cultivos más rentables"? Creo que se está olvidando un factor importante de la realidad social de las cuencas cocaleras. Es cierto que los agricultores cocaleros cultivan el producto debido a su rentabilidad. Sin embargo, debemos recordar que las relaciones de poder que han creado las mafias del narcotráfico (coludidas con el terrorismo, muchas veces) obligan a los agricultores a cultivar coca. Es un poco 'llevar la fiesta en paz' y, claro, ganar más dinero. Se olvida una importante variable en la ecuación. Creo que no basta con incentivar el cultivo de productos más rentables. El tema pasa, además, por incrementar la presencia del Estado y/o la sociedad civil en la zona... y no hablo de implementar una comisaría aquí y otra allá. También existe la posibilidad de crear polos de desarrollo.

Pamela

Ben Solís dijo...

De acuerdo contigo, la política de transferencia a otros cultivos debe ir de la mano con una mayor y efectiva presencia del Estado. Parte de un proceso de descentralización. Nadie dice que no. Saludos